Preboda en Costa Rica

Oscar & Anne

Hace unos días volví de mi viaje por Costa Rica. Dos semanas de ruta por selvas, volcanes y playas paradisíacas que acabaron en Puerto Viejo de Talamanca, al ritmo del reggae, del calor del Caribe y al más estilo pura vida. Para nada pensé que acabaría haciendo un preboda en Costa Rica.

 

De este viaje me he traído muchísimas experiencias visuales, pero también me he traído la bonita historia de amor de Anne y Oscar.

Recuerdo que llevaba rato observando esa complicidad que transmitían, esa magia especial que todos desprendemos cuando nos enamoramos. En ese momento pensé que era una suerte que llevara la cámara encima y no me lo pensé dos veces. Me acerqué a ellos, aunque antes me preparé qué decirles para que no pareciera la loca de la fotografía, y les propuse fotografiarles mientras dábamos un paseo por playa Chiquita.

 

Anne y Oscar me explicaron que se conocieron en un viaje por Perú, concretamente en un hostal de Lima. El primer día se intercambiaron muy pocas palabras, tratando de adivinar de dónde era cada uno y poco más. Coincidencias de la vida, se volvieron a encontrar en una excursión y pasaron el día juntos.

Al día siguiente Anne se volvió a Brasil y él preguntó por el contacto de ella en el hostal. La quería escribir con la excusa de compartir las fotos de ese día.

 

Durante meses mantuvieron una relación de amistad mediante ordenador. Oscar, con la excusa de querer aprender portugués, le pidió a ella que le ayudara con el habla. Meses más tarde la convenció para que viniera a Costa Rica y pasar unos días por el Caribe. En este viaje se dieron cuenta que había una conexión entre ellos, que se atraían el uno por el otro. A partir de aquí la relación se fue estrechando y consolidando cada vez más. Compartían muchas cosas juntos, pensamientos, gustos, planes, viajes, cosas tontas y su día a día. Oscar me confesaba que esto fue lo que de verdad ha construido la relación, la sensación de que estaban juntos y que se acompañaban el uno al otro, a pesar de los miles de kilómetros por en medio.

 

Me vais a decir que después de esta historia no existe el destino 🙂

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